martes, 1 de diciembre de 2015

Leiber a través de "El Gran Tiempo"

Hay quien considera que no es necesario conocer nada sobre el autor para disfrutar de su obra; es decir, que un cuadro, escultura, pieza musical o relato, por sí mismo, tiene validez suficiente para poder ser disfrutado. Yo añado: disfrutado sí, en profundidad, no tiene por qué. Conocer la biografía de un artista nos permite acceder a capas más complejas de comprensión de su obra y de sí mismo, y es un ejercicio que recomiendo, por lo menos con nuestras piezas favoritas.

He comentado en otras ocasiones que El Gran Tiempo es una novela aparentemente simple que tiene una opinión bien dividida. Hay quien la odia y hay quien la ama, pero es extraño encontrar reseñas en las que Fritz Leiber haya dejado indiferente al lector. Desde mi punto de vista, esto es bueno, ya que no hay mayor castigo para un artista y su obra que la indiferencia.


Ilustración de Virgil Finlay para la publicación de The Big Time
en la revista Science Fiction Galaxy (marzo-abril 1958)


En mi caso, creo que es bastante obvio de qué lado me posiciono. La primera vez que leí El Gran Tiempo me fascinó. Me gustó la historia que cuenta, pero sobre todo me atrajo que no deja de ser una obra de teatro clásica en forma de novela corta. Me parece arriesgado como ejercicio de estilo y, cuando menos, original. Además, las reflexiones que aportan los variopintos personajes son precisamente eso, variopintas.

El truco narrativo que usa Leiber es muy obvio: contarnos una historia, una gran historia, sin llegar a contarnos nada de la historia en sí misma. Hacernos ver la rosquilla a partir de la descripción de su agujero. Algo que en 1957-58 no era nada nuevo (ahí está F.Scott Fitzgerald con su imprescindible El Gran Gatsby). No vamos a encontrarnos, por lo tanto, con máquinas complejas, combates temporales, naves espaciales ni acción a raudales. De hecho, poco vamos a saber sobre esos dos bandos que libran una batalla en un futuro que se escapa a nuestra comprensión, más que se autodenominan Arañas y Serpientes. En más de un momento se recurre al peligroso deus ex machina para resolver la trama (extremadamente simple, dicho sea de paso), por lo que resulta obvio que lo que realmente importa en este ejercicio de aparente simplicidad son los personajes y lo que tienen que contarnos.

He ido construyendo poco a poco, a lo largo de las entradas, una biografía rica en datos de la juventud de Fritz Leiber, por lo que a nadie le debería extrañar que la protagonista de El Gran Tiempo, esa primera persona enriquecida a través de la cual se nos cuenta la historia, lleve por nombre Greta, un claro homenaje a Greta Garbo, con la que Leiber padre e hijo compartieron un pequeño papel en una de sus películas cumbre, Camille (1937). Además de ella, que nos guía durante la narración y comparte sus pensamientos y emociones con nosotros, vamos a encontrarnos con una galería de personajes posibles e imposibles, peones de la Guerra del Cambio de pasados y futuros que son, fueron o podrían haber sido. Y es que en la Guerra del Cambio la única constante es esa, el cambio.

También encontramos otro de los temas recurrentes de Leiber: el teatro. En concreto, el teatro de Shakespeare. En El Gran Tiempo se respetan las unidades de espacio, tiempo y acción, y también se usa con elegancia el recurso del monólogo o soliloquio, a través del cual los distintos personajes nos cuentan sus inquietudes y emociones sobre la Guerra del Cambio. De nuevo, el trasfondo de la obra sirve como excusa para explorar los sentimientos de los personajes, sentimientos tan humanos que son universales: la angustia de la vida y de la muerte, la soledad, la insignificancia del ser humano, el miedo al azar, al destino... Incluso uno de los protagonistas es un poeta isabelino y, más aún, en el relato No es una gran magia, es una compañía de teatro que representa a Shakespeare la que sirve de tapadera para las misiones temporales del grupo.

Quizás de manera no tan evidente, puede apreciarse la simpatía de Fritz Leiber por el tema germánico, no exento de cierta polémica por la ambigüedad con la que se trata al personaje nazi y la atracción que siente la protagonista por él. Y, en este punto, se ha acusado al escritor en numerosas ocasiones de misógino por el papel de entretenedoras que asigna a las mujeres en la Guerra del Cambio. Aunque, analizando el contexto histórico de la novela, no resulta difícil percibir que Leiber vuelca en Greta Forzane las inquietudes feministas de su época, sobre todo las del movimiento beatnik, del que uno de los pilares fundamentales era una sexualidad libre y abierta.

Por último, el personaje borracho es un claro reflejo de los temores del escritor. Recordemos que Leiber acababa de pasar una racha de depresión y alcoholismo motivado, trágicamente, por la muerte de su primera esposa. El Gran Tiempo está entre los primeros textos que escribe tras un oscuro periodo de standby creativo y nos transmite las frustaciones de esta adicción a través de un personaje que aporta lo poco que su pésimo estado le permite.

En resumen, un análisis profundo de El Gran Tiempo nos revela la que quizás sea la obra más personal de la extensa bibliografía de Fritz Leiber. No es certero decir que sea autobiográfica, pero sí que encontramos en ella un reflejo, un retrato velado, un fantasma —si me permitís el juego de palabras— del Leiber de 1957-58. Ahora, os toca a vosotros posicionaros en el bando de los apasionados o de los detractores. ¿Quién os reclutará en la Guerra del Cambio? ¿Seréis Arañas o Serpientes? El tiempo lo dirá...